Les cuento que viajar en el tren Hiram Bingham es, literalmente, una experiencia inolvidable.
Desde el momento en que llegué, me sentí como en un sueño. Te reciben con un cóctel de bienvenida y un espectáculo de baile típico que te pone en ambiente. Lo mejor fue la ofrenda a la tierra, un momento súper especial donde me sentí muy conectado con la cultura y la energía del lugar.
Al subir al tren, todo es lujo y elegancia. Los vagones tienen ese estilo clásico. Los detalles están tan bien cuidados que cada rincón del tren parece diseñado para que disfrutes y te relajes.
El camino hacia Machu Picchu es algo fuera de serie. Las vistas son espectaculares: montañas imponentes, ríos que parecen sacados de una postal, y una vegetación que te hace sentir en medio de la naturaleza más pura. Además, el vagón observatorio fue mi lugar favorito. Tiene balcones abiertos desde donde pude disfrutar del aire fresco, sentirme en conexión con el paisaje y, por supuesto, sacar fotos increíbles.
Mientras tanto, dentro del tren, el ambiente no podía ser mejor. Música en vivo en el bar, gente relajada y ese toque especial que te hace sentir único. Obviamente, aproveché para pedir más de un cóctel (¿cómo resistirse?). Y la comida… ¡qué delicia! Todo es gourmet, servido en varios tiempos, y preparado con una calidad impresionante. Cada plato era una experiencia por sí sola.
Recomendaría este viaje al 100%. No solo llegas a Machu Picchu, sino que todo el trayecto es parte de la magia. Es lujo, cultura y naturaleza en un solo paquete. Sin duda, lo volvería a hacer sin pensarlo dos veces.





